
¿Nunca sentiste la necesidad de escribir?
Me siento sola... y creo que es el momento de actualizarme.
El miércoles pasado, tuve el placer de intercambiar con una amiga unos cuantos correos electrónicos. De pronto, tras mandarle uno de ellos, me puse a escribir un poema, cosa que hace tiempo no hacía. La verdad es que fue un poco al tuntún, como quien no quiere la cosa. Pero la cosa fue bien, de forma que en el correo siguiente le dije: “No te lo vas a creer, pero entre correo y correo he escrito un poema. Creo que sin darme cuenta he empezado a escribir ese libro que tenía en muy dudoso proyecto”. A lo que mi amiga me contestó: “¿Cómo que has escrito un poema entre correo y correo? ¿Y no me lo enseñas? ¿Y lo del libro? ¿Te ha venido la inspiración de repente?”.
Pues no lo sé, pero no creo. En realidad yo “Siempre he pensado que escribir poesía es un acto de la voluntad antes que un regalo de la inspiración, razón por la que he podido afirmar que, para enfrentarme a ese toro, yo no entiendo de ritos, como no sea el de ponerse delante de un papel y de mirar hacia adentro para extraer una vivencia sedimentada, una rosa incorrupta, una paisaje añorado, un dolor, un gozo, una sombra vieja que ha medrado en el vértigo y la noche. Eso es justamente lo que he hecho en este libro, mirar hacia adentro donde, día a día, se ha ido sedimentando el afuera: ése al que sin duda pertenezco y en parte ya me define. Y de esa honda mirada, que surge de una libre apetencia, han nacido estos versos. ¿Qué es, por tanto, la inspiración, sino una dama obsecuente y generosa, abocada a la eclosión y al abrazo? Predisposición, vivencias, rumios, lecturas...e innúmeros actos de voluntad: he ahí los secretos para enamorar a ese varon pues!"
Es evidente, no obstante, que un libro se inicia en algún punto concreto, que puede ser un factor determinante de su desarrollo ¿Es ése un momento de inspiración? No sé, yo creo que sólo es el arranque, la partida. Todas las cosas tienen un principio, como es lógico, y éste tal vez tenga siempre una causa que lo provoque. De hecho, un libro puede estar embalsado en tu interior, esperando una lluvia torrencial que haga reventar de golpe la presa. En esta tesitura, más que inspiración, acaso hubiera que hablar de desencadenamiento. Finalmente, yo tiendo a creer en la siguiente afirmación: “La inspiración existe, pero debe pillarte trabajando”
De la serie “poe-canciones”. Vale lo dicho para “Agua enamorada”, “Bájame al suelo” y “Te quiero amar”
- O sea, que es un híbrido
- Como una casa
- Querrás decir como un mulo, por ejemplo. O un zebrasno ??
Uhm, La relativización, la temperancia, el desapego :/
con algunas cosas que, a cambio de juventud, nos van dando los años. Desde ellas, y llegado el momento, se puede razonar el dolor de la muerte, aceptando con serenidad que nada es del todo.
Desde ese punto de vista, la muerte va del quebranto a la consunción, moderándose, escalonándose, soltando gravedad y sombra. De este modo podemos entenderla, pues la verticalidad, que es desgarro y precipicio, se va volviendo declive, que es ya sólo pesadumbre y distancia. Es decir, el sentimiento (amor-dolor), trasciende la exclusividad y se desbrava pero al mismo tiempo se expande y se universaliza. Ya no se ama a un ser, sino a una vida. Ya no duele un ser, sino una vida. Y la vida es el curso de los años, de las cosas: el espacio y el tiempo.
Yo creo, además, que el dolor de la muerte es el desbordamiento, más o menos incontrolado, de la capacidad amorosa, y un amor de lustros jamás se desborda totalmente porque tiene mucho de arraigo y de poso: hogar, familia, paisaje, paisanaje... De ahí la racionalidad del dolor y de ahí también la panteización de la muerte, si así puede decirse; pues si bien es cierto que nada muere del todo, también es verdad que todo muere algo o, al menos, que todo es afectado algo de muerte.
En cualquier caso, se ha transformado en una lluvia ancha que cae del amor y va hacia el amor, que mana de la tierra y va hacia la tierra. Espero que en ella fructifique porque es ahí, abundando en el barro, sobre el lomo gozoso del paisaje, donde ha volcado sus bayas la memoria.
La poesía aqui la tengo!
Te digo amor y estoy diciendo otoño: ocaso, lluvias, árboles desnudos...
Y no me pesa el labio por decir amor y estar diciendo muerte.
Amor y muerte, sí, pues digo consunción y surge un crisantemo.
Y digo oscuridad o noche y estoy diciendo luz de madrugada...
Te digo amor, te digo tierra, acaso estoy diciendo eternidad o lirio.
Me lo dices tú? "amor"
Te di demasiada Generosidad sí, pero me debes que pedir perdón... ya sabes.
A través del recuerdo, recupero una noche no excesivamente lejana. Y sin sentir exactamente lo mismo, he vuelto a tener un sentimiento agradable, que sucedió asi. . .

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